domingo, 8 de junio de 2014

Los huérfanos del mercado.

"Hijos del lucro", así nos llaman a los estudiantes hoy en día. Hijos de una educación que es, en muchas partes, de deplorable condición. Es marginal, discriminatoria, y para nada equitativa, por dios, equitativa: eso es lo que menos tiene.

Somos los hijos del dinero, los hijos perdidos de un Estado que no vela por nosotros. Somos clientes, no beneficiarios. Somos un número, no un estudiantado. Somos unos rotos, comunistas y marxistas (como si eso fuese malo, aún no entiendo por qué usan una ideología como insulto), no somos gente que de verdad lucha por algo justo. No, claro que no, porque $3.000.000 puede tenerlo cualquiera, eso es un año de educación en cualquier universidad de aquí,  y  está al alcance de todos, por supuesto.

En la calle me han apaleado, me han gaseado con gas lacrimógeno, me han mojado con agua sucia (y con más gas) y todo por exigir mi derecho como ciudadana a expresarme. He visto como han tomado presos a compañeros, a mamás, a niños, a abuelos, a papás y todo por exigir un mejor futuro para este país.

Las cosas no están bien aquí, claro, está mejor que en otros lugares, de eso no puedo decir nada. Pero tampoco están bien. Si fuese así no saldríamos miles a la calle a pedir una educación digna, una educación donde todos tengamos la oportunidad, donde todos podamos estudiar. ¿Tal difícil es de entender? ¿Por qué el niño que nace en una población marginal, jamás podrá ser un médico? Porque no puede pagar, puede ser el más apto, el más inteligente, pero si no tienes ese papel verde, no existes, para nadie. Es un papel, por todos los diablos...un papel que por sí sólo no tiene ningún valor... ninguno. La sociedad se lo da, la sociedad mata por un poco más de ese papel...y no vale nada.

Oportunidades, eso es todo lo que pedimos. Nada más. No pedimos que la educación la paguen los más ricos, ni que los que tienen más dinero mantengan a los que tienen menos. Pedimos que, por ejemplo, el cobre sea renacionalizado, que vuelva a ser nuestro. Que el royalty que pagan las mineras deje de ser un mísero porcentaje, es nada lo que pagan. Lo sé, porque mi papá trabaja en una, es casi una burla, considerando que están extrayendo mineral y dejando en deplorables condiciones el ambiente donde están las mineras (Sin ir más lejos, los tranques de relave que traen contaminación a donde sea que estén)

Necesitamos una educación digna para todos, de calidad. Donde los profesores sean profesores por vocación no porque "no les quedó de otra". Donde el sueldo de un animalejo de la televisión (el cual no aporta nada a la cultura ni  al avance del país) no sea más alto que el de un profesor, de un sacrificado profesor que está inculcando y formando a los futuros profesionales de todo un país. Los profes ganan una miseria, por eso nadie quiere serlo, a veces el dinero vence a la vocación, y si somos honestos ¿quién se sacrificaría a vivir con lo justo teniendo otras oportunidades?

De eso también habla la calidad, de los mentores y no sólo de los alumnos.

Gratuidad, que sea gratis. Entendiendo que la educación es per se un derecho y no un "privilegio". Todos tenemos el derecho de educarnos, de recibir lo mejor que podamos, sin tener discriminación socioeconómica, religiosa o sexual. Todos tenemos el derecho a recibir una educación que nos garantice un mejor futuro, incluso si no tengo el dinero para pagarla, incluso si soy musulmana o judía, incluso si soy heterosexual o lesbiana. Tengo el mismo derecho que todos a educarme, y educarme bien.

Las cosas no van a llegar solas. Los políticos no van a bajarles los humos caritativos y comenzarán a hacer reformas de verdad. Es obvio, porque no les conviene, casi todos ellos están asociados a las grandes empresas que ganan con la educación. Porque lucran, como si fuese un supermercado.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Sé bien que tirar bombas molotovs tal vez no arregle el mundo, y que incendiar cosas no cambie nada. Pero creo que a lo que los rebeldes apuntan, es a la desestabilización del sistema, que el sistema imperante en este país, el crudo y frío capitalismo, se rompa. Colapse en sí mismo y tengamos que buscar otros métodos por los cuales regirnos.

Siempre tomo como ejemplo la revolución francesa, por la cual se abolió la monarquía mediante el corte de cabezas de los grandes mandos. Claro, no pretendo ir al senado y cortarles la cabeza a cada seudópolítico que encuentre (aunque me gustaría muchísimo), eso no sería lo más adecuado, creo. Aunque sí de una manera simbólica hacer lo mismo. Abolir el poder de que unos pocos hagan lo que gusten con nosotros, con nuestro futuro y el de nuestros hijos.


Que gente de verdad tome el relevo de tantos cargos manoseados y prostituidos en post del aparente desarrollo como país. Exterminar para siempre la aparente enfermedad de la cual padecemos hace ya, tanto tiempo.

Que nosotros, las nuevas generaciones, alcemos el poderío que sé que tenemos. Puede que uno de nosotros no cambie nada, pero unidos, sé que podremos cambiar muchas cosas... Sé que se puede. Llevamos años en la lucha por un derecho que necesitamos, y jamás nos hemos rendido, así que sé que la energía está, la conciencia también. Es cosa de tomar todos estas variables y ajustarlas en la ecuación para poder encontrar la tan esquiva "x" del problema.

Está en nosotros, los huérfanos del mercado, cambiar nuestro futuro. Cambiar el futuro de este país, para las generaciones venideras. Para que, tal vez no yo, pero sí mis hermanos pequeños puedan tener una educación digna. Tanto secundaria como superior y que no tengan que vender hasta su alma para pagarla.