jueves, 20 de marzo de 2014

Preguntas.

¿Se puede reparar algo que está tan roto? Gente que piensa que la homosexualidad es una enfermedad: "Oh, hoy día no podré ir a trabajar, creo que amanecí demasiado homosexual esta mañana". Gente que cree que unas niñas de 11 y 12 años están preparadas para ser madre, defienden a los violadores y argumentan que lo inhumano  sería "obligarlas" a abortar... Gente que de verdad cree que los rotos y flojos quieren todo gratis. Una sociedad tan retrógrada y rota, ¿se puede reparar...? ¿Hay un límite en lo bajo que podemos caer?

De verdad gente que quiere hacer valer su derecho a abortar, ¿puede entrar y destruir una catedral? ¿Pasando a llevar la libertad de la gente que estaba adentro, gente que estaba manifestando su libre derecho a profesar su fe? ¿Desde cuando violamos los derechos de los demás para que nuestros mismos derechos sean escuchados? ¿Desde cuando el ojo por ojo se convirtió en una ley casi de supervivencia en nuestro país?  ¿De verdad seguir destruyéndonos puede arreglar algo que ya está roto? ¿De verdad gritar más fuerte en una sociedad que no escucha, puede llegar a servir de algo?

¿Es demasiado utópico seguir creyendo que la mentalidad de la gente algún día va a cambiar..?

¿Es demasiado tonto pensar que tal vez, en un futuro cercano las personas se respetaran unas a otras?

¿Entenderán las personas que están siendo pasadas a llevar?
¿Que sus derechos son casi privilegios?
¿ La frase "Amar al prójimo", acaso tiene excepciones?

 A veces me hace pensar que mi misantropía está bien justificada. Que la sola idea de pensar que venimos de un animal me hace pedirle perdón al mamífero por el insulto. Somos lo peor del mundo, prueba es que nos destruimos entre nosotros mismos, nos odiamos a nosotros mismos, nos discriminamos y le hacemos daño a los más inofensivos de nuestra especie. ¿De verdad siguen pensando que somos más que los monos o los insectos? No, estamos por muy debajo de ellos, por lo menos ellos tienen una conciencia como sociedad, nosotros no, y a la velocidad que vamos, creo que jamás la tendremos.

jueves, 13 de marzo de 2014

Blackbird.


El viento jugueteaba con sus cortos cabellos color canela. Levantó sus ojos pardos y las hojas de los árboles la saludaban en una extraña armonía. El tono bermellón del cielo avisaba con bombos y platillos que la llegada de la noche era inminente y el frío se colocaba por la delgada chaqueta que cubría su menudo cuerpo.

 Ahí yacía sentada en esa banca del parque, lo que le habían parecido años. Es curioso, en realidad, lo subjetivo que puede llegar a ser el paso del tiempo. A veces tan veloz; casi siempre cuando la dicha es inmensurable,  cuando disfrutas como nunca algún momento, o tal vez: a alguien. Y en otras ocasiones, es simplemente una tortura lo lento que pueden dejarse caer las agujas del reloj; cuando sufres, o cuando esperas algún suceso, algo que cambie tu vida, lo que sea. Cuando esperas, simplemente.   

Y ella llevaba toda su vida esperando. Tal vez por eso sus 16 años le habían parecido miles de eones. Tal vez por eso ella era tan madura, porque su tiempo avanzaba más lento. Cada cosa en su vida estaba pensada, al menos, 10 movimientos antes de que sucediera. Las consecuencias de lo que hacía, eran meditadas con más de 10 ramificaciones distintas. 

Cada pequeño suceso, por más insignificante que fuese, ella ya lo tenía pensado desde hace mucho antes. Era como leer el futuro, pero no, al mismo tiempo. Ella no era adivina. No tenía una bola de cristal, ni velas ni conjuros mágicos. Sólo tenía su inteligencia, y la capacidad de ver más allá del ahora. Cada paso que andaba, era pensado. Cada respiración que tomaba, era razonada. Cada palpito de su corazón, era planeado. 

Una genio, habían dichos los médicos y psicólogos. Un coeficiente elevado sobre la media, habían dicho sus profesores. Y un milagro, habían exclamado sus padres, con alegría.

¿Y para ella? Nada. Ni su nombre le sonaba como propio. A menudo se comparaba con un pequeño pájaro: con un pequeño y opaco Mirlo. Era un tipo de ave arisca, vivía sola, en su propio territorio. Pero al ser domesticados, eran despojados de su carácter natural, y cantaban encerrados en una jaula, hasta el fin de sus días. Sí, ella se sentía como un Mirlo. Atrapada en un jaula de oro. Pero atrapada, al fin y al cabo. 

Miró al frente con melancolía, una pareja joven estaba tomada de las manos y sonreían mientras hablaban animadamente. Ella jamás había experimentado la sensación de calor de otra mano sujeta a la suya, ni mucho menos un beso, como el que ahora se daba la feliz pareja. Sintió envidia y tristeza. Un pinchazo atacó con vileza su pecho, desentonando el calculado palpito de su herido corazón. 

Pequeñas lágrimas nacieron en sus ojos y recorrieron su níveo rostro hasta saltar hacía la muerte desde su barbilla al suelo del pequeño parque. Era su lugar favorito para pensar, para ser una con la naturaleza y, para sobretodo, dejar los deberes que le habían impuesto a tan corta edad.  Suspiró y limpiándose el líquido salado que aún emanaba de sus irises, se paró del lugar que la había acogido por toda esa tarde, y emprendió el camino a casa. 

Lentamente, contando. Derecho, izquierdo. Uno y dos. Sesenta y siete pasos desde la banca hasta la salida del parque, y sabía que le esperaban cuarenta y ocho más para su casa. 

Veinte, veinte y uno, veinte y...  Y algo la detuvo, una pequeña mancha negra se cruzó en su camino y se detuvo detrás de ella. Al volverse y enfocar más su vista, sonrío con ironía. Era un pequeño Mirlo, aún no era adulto y la miraba desde lejos, agitando graciosamente su cabeza de un lado para otro. A ella le pareció que la estaba invitando. Como diciéndole que lo siguiera. Miró el camino a su casa; veinte y seis pasos la esperaban para regresar. Se giró, dándole la espalda al pajarillo, con toda la intensión de continuar su camino, cuando el Mirlo cantó. Le cantó. A ella. 

No, no le cantaba a la niña de 15 años, a la genio ni a la coeficiente intelectual, ni menos al milagro. El pequeño pájaro negro, le estaba cantando al otro pajarillo que yacía dentro de la jaula de oro. Al que estaba atrapado. Le decía que se liberara, que lo rompiera. 

¿Qué debo romper?
 Rompe todo.

¿Todo?
 Todo. 

¿Por qué?
 ¿Y por qué no? 

Era la melodía de la vorágine, del caos, de la anarquía. Y el pájaro echó el vuelo. Y ella lo siguió. Sin contar. Sin pensar. Sus pasos se desestabilizaron de la cuenta meticulosa. Su corazón latió sin beneplácito. 

Y al fin alcanzó al pájaro.

Estaba en las manos de una muchacha de su edad. Su aspecto era etéreo. Su largo cabello rubio bailaba en la brisa de la noche y su rostro pálido contrastaba notablemente con sus penetrantes ojos negros. Una de sus delgadas manos acariciaba con delicadeza la cabeza del Mirlo, el cual cantaba, agradecido de los mimos.

Y la chica de ojos pardos miraba la escena, estupefacta. Los Mirlos no eran así. Se supone que eran ariscos con la gente, era solitarios. ¿Por qué ese Mirlo es así con ella?

¿Por qué?


¿Por qué es así?


¿Por qué con ella?


Salió de sus cavilaciones y se dio cuenta que la niña frente a ella la miraba con curiosidad, el pájaro había desaparecido, volado probablemente lejos de allí. Era libre, podía ir al lugar que quisiese. No como ella. Pero entonces, ¿qué hacía allí? 

Se sintió repentinamente ridícula, sus mejillas se tornaron calientes y se dio la vuelta, preparada para irse a su casa de una buena vez, su madre probablemente estaría vuelta loca.

Y entonces la niña le habló, un susurro. Un saludo, y la detuvo. Su voz era suave, arrastraba las palabras de una manera que resultaba hipnótica. Se giró, dándole la cara, y se sintió terriblemente torpe, debería contestarle el saludo, sino sería descortés. Mas era una extraña, no la conocía. 

Pero podrías...

Se sobresaltó, ¿qué había sido eso? Miró a todos lados, luego a la niña en frente a ella, quien la seguía mirando con curiosidad. Al parecer ella no había escuchado la voz. Entonces estaba dentro de su cabeza. ¿Esquizofrenia? ¿Su capacidad cerebral había llegado a tal punto de volverla loca? No, no era eso. No eran otras voces, era la suya propia. Hablándole. Buscó en  la base de datos de su cabeza, archivo por archivo, como si de un computador de tratase. Y  encontró lo que buscaba en un libro que había leído hace años. 

"La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo"

La voz de su alma, ¿eso era? Ella no creía en algo como el alma. No, no era que no creyese. Era que a pesar de su inteligencia, jamás había pensado en ello. Jamás había logrado ver afuera de la caja. Y ahora lo hacía. ¿Por qué? ¿Qué sucedía con ella? ¿Qué era eso que sentía? 


Sus pensamientos fueron interrumpidos abruptamente por un calor ajeno en su mano. Y lentamente miró la fuente del calor: la mano de la extraña. Era suave y tibia. Estaba viva. Estaba tomándole la mano. Una extraña. Y no sentía miedo. No. Calor. Eso sentía, en el pecho. En el lugar donde latía desbocado su corazón. Por primera vez lo sentía así. Por primera vez sentía el calor ajeno. Sentía: estaba viva. Y recién se había dado cuenta.

Pudo sentir el sonido de la jaula abriéndose. El chirrido de las bisagras del que fue su hogar por tantos años, inundaba su sentido. La sensación de libertad era tan grande que no cabía en su pequeño cuerpo. 

Y sonrío. Elevó la mirada y le sonrío a la niña enfrente a ella. La niña de ojos negros le devolvió la sonrisa. Soltó su mano, y se despidió con la otra en un gesto infantil. Y se alejó por el camino apuesto del cual venía la muchacha de ojos pardos, la sonriente y libre muchacha de ojos pardos.

Enarboló su mirada al estrellado cielo, y respiro profundamente llenando sus pulmones con aire limpio. Se giró y continuó su camino. Tarareando un leve melodía. 


Mirlo que cantas en la madrugada
Coge estas alas rotas y aprende a volar
Durante toda tu vida, has esperado este momento
Para volar.

Mirlo que cantas de madrugada
Coge estos ojos hundidos y aprende a ver
Durante toda tu vida has esperando este momento 
para ser libre.

Vuela Mirlo...

Vuela.













lunes, 10 de marzo de 2014

Breakaway.

Estás ahí, a un paso de dar ese gran cambio. No sabes lo que te espera. Jamás has pensado demasiado en las consecuencias de tus actos: "Actúa primero, piensa después" es el lema que dirige tu vida. Lo has adoptado y enarbolado con honor todos los años que llevas en esta tierra. Pero ahora piensas, tienes miedo. ¿Qué pasará cuando lo hagas? ¿Qué cambiará en tu vida? Todo, o tal vez  nada. No lo sabes. Tienes temor de abrir la caja, de saber si el gato está vivo a muerto. Pero lo harás de todos modos, lo sabes. Tomarás ese riesgo, aceptarás el reto, y harás un cambio. Pase lo que pase seguirás -con dudas y tal vez arrepentimientos- avanzando. Te liberarás. Afuera está oscuro, y estarás sola. Pero la vida es así. Madurar implica tomar desafíos, equivocarse, caerse, golpearse y sufrir. Pero si eres capaz de ganar la contienda, de aceptar las equivocaciones, de levantarte, de limpiarte los rasmillones y superar el sufrimiento, entonces estás lista. El mundo te espera ansioso de lo que puedes lograr, a dónde puedes llegar, a qué distancia podrás volar. No sabes hasta donde te llevarán tus sueños, sí tocarás el cielo o te congelarás en el infierno. No lo sabes, pero ya no tienes miedo. Tienes valor, coraje. La vida es para vivirla, los que ganan son los que se atreven, los que sobreviven son los que luchan. Los felices son los que cumplen sus metas, y ahora lo sabes. Así que, sin dudar, das ese primer paso. No tienes idea a dónde vas, pero eso no es importante. Lo importante es que te desprendiste del miedo, lo dejas atrás, junto con lo que te impide avanzar. 

Y caminas, ya no hay inseguridad, no hay miedo, actúas al fin. 
Le sonríes a la mujer que tienes enfrente. Ella te sonríe de vuelta, con amabilidad.

—¿En qué le puedo ayudar, señorita?

—Un boleto de avión, por favor. 

Y has dado el paso, sabes que nada puede pararte ya, llegarás a donde quieras. Tocarás el cielo.

—¿Cuál es su destino?

Sonríes, ¿a dónde quieres ir? El mundo es tuyo, tómalo.

—Las estrellas, ese es mi destino.

La mujer te mira, y puedes ver en sus ojos, que ese es el destino que ella ha soñado también. 


Así de dolorosa es la Pureza.

No puedo evitarlo, miles de lágrimas saladas recorren mi rostro, no tengo la menor intención de detenerlas, ya no importa, haré lo que más me caracteriza, dejaré que mis sentimientos fluyan ,que estén a flor de piel y no los detendré, no quiero que se queden atascados en este corazón roto que yo misma resquebraje.

Sin querer mis pensamientos vuelven al pasado, como tuve la oportunidad de mi vida, y la deje ir por lo más importante que tuve, la felicidad de mí ser querido más valioso, por ti, Yamato.

Verte con otra persona me causa sentimientos tan diferentes que no puedo explicarlo. Sé de verdad, que Sora será una buena novia y que tú la amas, eso me llena de felicidad, estos forman parte del líquido saliente de mis ojos, pero también hay otro sentimiento que cala en lo hondo de mi alma, la tristeza, amado mío.

Los recuerdos de nuestro hermoso tiempo juntos son imborrables, y están grabados a fuego en cada parte de mi cuerpo. Aún está en mi departamento tu esencia, que me hace darme cuenta de que dejarte ir, fue lo más correcto que he hecho en mi vida, ya no eras feliz a mi lado, ¿verdad?

Puede que todos mis amigos piensen que soy superficial, e incluso tal vez un poco boba, pero la realidad es, que sí bien, soy un poco de ambas, también me doy cuenta de cosas que otros no pueden, porque ellos no se dedican a observar a los demás, yo sí y por eso pude darme cuenta como la mirabas, cuanto te preocupaba lo relacionado con ella. Empecé a dudar de tu cariño , te pregunté una y mil veces: "¿ Aún me amas?", dudoso respondías: "Claro, princesa". Ahora sé que aunque de verdad me amabas, sentías algo por mi mejor amiga. 

Mis dudas fueron aclaradas cuando una fría y lluviosa noche recibiste una llamada, era Sora. Sin despedirte corriste hacia su hogar, Tai la había rechazado. Desde ese momento nunca fuiste el mismo; distante, frío, incluso más que antes y me hizo preguntarme, ¿Qué hice mal? Y ahí lo entendí, ya no me amabas, tu corazón había sido capturado por la pelirroja poseedora del Amor.

No pude más, y terminé contigo, no dijiste nada, simplemente me abrazaste y te alejaste de mí.
¿Cuánto va de eso? ¿6 meses? Ahora tú estás con Sora y son felices. Y eso aunque suene cliché, también me hace feliz, sabía que a mi lado, no podrías ser feliz, no quería atarte a un amor que no sentías, yo aún te amo, y por eso sacrifique todo, para ver tu sonrisa todos los días, aunque no fueran para mí.
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Esta historia la escribí por el 2011. Pertenece al fandom de Digimon, y creo que a pesar de que es terriblemente cliché y una mezcla extraña entre romanticismo y drama. Me gusta. Es la primera que escribí, la que tuvo más comentarios, más visitas y más favoritos en ff.net de todas las historias que he escrito. Y creo fervientemente que es porque ha sido la única que escribí con el corazón.


I'm Back!

Odín, años que no escribía aquí, y cuando digo años, es: ¡AÑOS!
Pero bueno, borré todo lo que tenía escrito, para qué recordar cosas tan idiotas, meh. Borrón y cuenta nueva, suena mucho mejor. Sí, mucho mejor.
Aquí publicaré historias, relatos escritos por mí. Reseñas de libros, también. Comentarios de juegos, ¿por qué no?
Blog amplio y renovado, alejado del decrepito intento de blog profundo que era antes, me gusta.