martes, 15 de abril de 2014

Carta de un Porteño

"No se preocupe, señor turista, no se está quemando la Sebastiana. El muelle Prat está protegido, al igual que los cafes-boutiques del Cerro Alegre. Los bares del puerto y los pubs de Cuming siguen atendiendo, fabricando ebrios en la ciudad con mayor tasa de alcoholismo en Chile. 
Los fuegos artificiales se verán igual este año, porque los lindos miradores siguen en su sitio. El muelle Barón está lejos del fuego, así que el proyecto mall sigue en pie. Si incluso las casitas de colores se han salvado, las que arden hoy son las de color gris, esas que no salen en las postales.
Los que corren hoy, son los que siempre han corrido, corren todos los días pa’ tomar la micro, corren porque no tienen ascensor en su cerro, corren para llegar temprano al Van Buren y alcanzar un número.
Los que corren hoy, con poquitas cosas, son los que menos cosas tenían para perder. No se preocupe, señor turista, el incendio está lejos del Grand Hotel Gervasoni, hoy se quema el conventillo de la peruana, las casas que brotaron como callampas en los cerros. Arden los barrios que no salen en su mapa, porque en él todo acaba en la Av. Alemania.
Tengo que decirlo: me indigna leerlo preguntando por los ascensores. No entiendo que se alegre por la plaza Victoria indemne, cuando ya son doce personas las que han muerto calcinadas.
No entiendo que pregunte por la casa de Neruda, si a él ya no le sirve, pero a quinientas familias la suya sí.
Usted tiene otros 38 cerros que visitar el próximo verano, pero ahora son diez mil los evacuados que no tienen dónde ir. De qué nos sirve el patrimonio si no hay humanidad”.

Carta de un porteño a un turista, encontrada en los más lúgubres lugares de la web, alejada de cualquier medio de comunicación masivo, ¿Por qué? Porque dice la verdad, y cualquier cosa que sea verdad, atenta contra la moralidad de este país. La verdad aquí es ocultada bajo toneladas de fútbol y escándalos de gente que se hace llamar "famosa". La verdad es ultrajada, manoseada y vendida al mejor postor, a cambio de estatus, poder y dinero. 
Cuando nos quitan la verdad, ¿qué más tenemos que perder? Nada, y ya saben lo que dicen de la gente que no tiene nada que perder. 

"Peligroso aquel que no tiene qué perder"

sábado, 12 de abril de 2014

El amor

"La homosexualidad es un pecado"
 "Te irás al infierno"
 "La homosexualidad es una enfermedad"
 "Tanto te gusta el pico, maricón?"
 "Inmorales"
 "Asquerosos",
"Antinatural"
"Lacras"

Tantas cosas he escuchado y leído a lo largo de mi corta vida, tanto odio y discriminación, tanto miedo a lo diferente. Tanta rabia a lo desconocido, pero sobre todo, tanta ignorancia... Aún no encuentro la razón al por qué, ¿por qué odian tanto? ¿Tanto les molesta ver a la gente feliz? ¿Tanto les molesta el amor? 

Está bien ver una porno, en la privacidad de su casa, de dos mujeres haciéndolo pero si ven en el parque a dos mujeres tomadas de las manos, ¿qué se espera? Gritos, ofensas y miradas de asco. Doble estándar, doble moral de una sociedad intolerante, de una sociedad con miedo a sí misma. Donde algunos justifican su odio con Dios:
"No, es que la biblia lo dice"
 "Dios los odia" 
"Se quemarán en el infierno" 

Y yo me pregunto, la frase "Ama a tu prójimo", ¿acaso tiene excepciones? ¿Acaso simplemente el amar no es suficiente? 

Yo creo firmemente en el amor, del enamorarse de la persona. Del descubrir el amor detrás de lo que se es, y no de lo que se tiene.

 ¿Por qué fijarse en la belleza exterior? Si al final, al termino de tus días, ¿es lo primero que se te irá? 

Amar a lo de adentro, sin mediar en lo de afuera...Ser capaz de ver más allá del cascarón exterior, es algo que pocas personas hacen, pero creo que ese es el amor de verdad, el que va más allá del sexo, más allá de la apariencia, más allá de todo lo vano y superficial...Eso es amor; incondicional, fiel y noble, del que casi ya no existe, pero que aún vive a duras penas en lo más profundo del corazón de cada uno, sólo tenemos que encontrarlo y simplemente ser felices, por lo que amamos, por lo que somos, sin miedo, sin temor, sin prejuicios, sólo nosotros y el amor.

jueves, 3 de abril de 2014

Historia de una chilena.

En teoría, los terremotos son movimientos bruscos y cortos de la corteza terrestre que se produce cuando se libera energía acumulada en las placas tectónicas, más específicamente en las fallas. La causa más común de terremotos es la subducción de las placas, es decir, una se superpone a la otra. En caso de mi país, Chile, es la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana la que causa que seamos el país más sísmico del mundo.

En general, a mí no me disgustan los movimientos telúricos, con el tiempo, hasta me han empezado a gustar. Siempre me ha fascinado la manera en cómo reaccionan los seres humanos ante situaciones que no pueden controlar. Además las hormonas, como la adrenalina, me dan un tipo de placer que no puedo describir en estas líneas, supongo que es el goce inexorable de estar viva lo que me anima a disfrutar de lo que la mayoría teme. Aprecio en esos breves momentos de la fuerza sublime de la naturaleza, esa es una de las razones de las por cuales me gustan los temblores, sismos y ocasionales terremotos. Como alma científica, amo observar, experimentar y realizar teorías acerca de lo mucho que pareciera que nos afecta como país dos minutos de un fuerte movimiento.

En el 2010, tenía alrededor de 14 años y estaba de vacaciones de verano. Era una beba que no entendía de muchas cosas. Ese día había salido, y aún estaba con la excitación propia de alguien que no sale mucho al exterior.

Me acosté alrededor de las tres de la mañana, bastante tarde para alguien de mi edad, aunque siempre he pecado de ser una noctámbula sin remedio. Debí haber dormido diez minutos, cuando aullidos de perros me despertaron, eran gemidos temerosos, como de advertencia, un grito de huida. Años después entendí que los cánidos nos estaban advirtiendo, después de todo, los perros ladran para comunicarse con ser el humano, no entre ellos. Un leve movimiento se hizo presente en toda mi casa, y probablemente en toda la comuna, esos días había temblado seguido, así que no le tomé importancia y me cubrí con las sábanas.

Precedía a cerrar los ojos cuando un grito iracundo de lo más profundo de la Tierra terminó por sacarme de la cama, a tiempo para sentir en todo su esplendor un sismo de 8,8 Richter. Mi casa era antigua, de los años 50' probablemente, pero aguantó con gallardía el movimiento de más de 2 minutos. Sentía las bocinas y alarmas de los autos, creo que ese ruido hasta el día de hoy me desespera. Escuchaba gritos a lo lejos, tal vez de mi familia, tal vez de mis vecinos, en fin. Todo era una amalgama de gemidos, de gritos implorando ayuda. Yo sólo me preocupaba de que nada me cayera encima, en mi pieza tenía bastantes libros en repisas sobre mi cabeza, así que tuve que esquivar por primera vez enciclopedias y un gran tomo de Edgar Allan Poe. Sentía muchos rezos, probablemente de parte de mi madre o de mi tío, yo no recé. Había perdido mi fe y todas mis creencias dos años atrás. No tenía a quién pedirle que se detuviera, a ningún ser superior a quien implorarle por misericordia, ya no creía en eso, así que sólo cerré los ojos y esperé, no podía ser eterno.
 Es increíble lo agudo que se vuelven tus sentidos en situaciones extremas, como sientes todo con mayor dedicación, como hueles, escuchas o ves con mayor precisión. En ese momento podía escuchar con claridad las copas rompiéndose, todo cayéndose, todo lo que estaba bien hace menos de cinco minutos estaba en el suelo, con una deformación plástica, que no tenía retorno. Me acuerdo que teníamos un televisor grande, que pesaba demasiado y que se precipitó al suelo como si no pesase nada. Como si no fuese nada, en efecto, lo era. Por mi ventana podía ver rayos de color morado, los cables de electricidad se golpeaban entre ellos, generando cortocircuitos que teñían de amarillo, morado y rojo el cielo nocturno de un caluroso febrero.

Y de la nada se detuvo, justo como empezó.

Fueron alrededor de cinco minutos lo que todo pareció haberse silenciado, sólo con el sonido de las alarmas de los vehículos de fondo, nadie hablaba, ni en mi casa, ni en la de al lado. Hasta que mi papá reaccionó y bajo las escaleras para desactivar el seguro del auto, y detener el ruido incesante. Mi mamá nos preguntó cómo estábamos, mis hermanos pequeños asustados, yo también. Pero eso no me detuvo para volver tras mis pasos y sacar a mi perrita debajo de la cama, creo que jamás sentí que un ser vivo dependiese tanto de mí, como en ese momento. La abracé y ella me incrustó sus garras en mi espalda, en un acto reflejo al miedo que aún estaba latente.

Nos calzamos zapatos y salimos en pijama a la calle. Ese 27 de febrero había luna llena, la cual bañaba con benevolencia a un oscuro Santiago. Jamás había visto a la bullida y luminosa capital tan demacrada, habían escombros en el suelo, humo empezaba a salir de algunos incendios aislados. Mi papá sacó el auto y prendió la radio. Yo sabía que en Santiago no existe ninguna falla que sea capaz de provocar un movimiento así, la más cercana es la de San Ramón, pero la capacidad de ésta es de máximo un sismo de grado 7, y ese no podía ser el grado de lo que acababa de vivir. Así que pensé que esto venía de otra región, que lo que aquí había dejado algunos muros en el suelo, en otra parte había matado gente. Y no me equivocaba. En el sur del país, más específicamente en el mar frente a Cobquecura, al noroeste de Concepción. Nadie sabía de cuánto había sido, y los medios decían que había sido un "Sismo de fuerte intensidad", jamás he entendido por qué aquí en Chile, llaman sismo fuerte, al movimiento que en cualquier otra parte del mundo sería terremoto. Es curioso, y ahora llega a ser tragicómico, es un chiste interno arraigado en nuestra cultura.

Eran las 3:50, y dieciséis minutos habían pasado desde el terremoto, y ya se sabía que había sido mayor a 8. Y que probablemente era uno de los más fuertes movimientos en el país, y de tal vez, el mundo. Lo cual terminó siendo.

Yo llamaba a mis amigas por celular, estaba preocupada por ellas, hace menos de doce horas había estado charlando con ellas, y ahora no sabía siquiera si estaban vivas. Mi papá me quitó el teléfono y me dijo que era inútil, que los computadores que veían las comunicaciones estaban en el piso, hechos mierda.

Así nos mantuvimos afuera, por alrededor de dos horas, charlando entre todos, recogiendo las cosas del suelo, limpiando. Nadie lloro, ni siquiera mis hermanos pequeños. Mi mamá decía que teníamos que volver a pararnos, que no sacábamos nada con lamentar, estábamos vivos y eso lo único que importaba. Hasta el día de hoy, atesoro esas palabras y las mantengo como un mantra en mi vida. Alrededor de las cinco de la mañana, mis hermanos y mis padres se durmieron, todos en la cama matrimonial. Yo no podía dormir, tenía demasiadas preguntas, y muy pocas respuestas. Escuché la radio hasta que se me acabó la batería del celular, no tenía energía eléctrica, se había cortado en toda la capital, de hecho, fue un milagro que tuviésemos agua.

Me mantuve pensando, ahí sentada en el suelo, un par de horas más hasta que mis papás se levantaron.

La luz del día nos mostró el real impacto de todo, dos muros de mi casa estaban en el piso. Y así todos los muros de los vecinos estaban en las mismas condiciones, éramos como una gran y sola mansión. Por meses estuve así, creo que no salí al patio en ese mismo tiempo, nunca he sido muy sociable, y sin muros, bueno mi privacidad se había convertido en un lujo.

Y así transcurrieron cinco días sin electricidad y sólo nos enterábamos de las sucesos exteriores por la radio de la cocina. Nos enteramos de que hubo un maremoto en las costas del sur, que mató e hizo desaparecer a muchísima gente. Ahora en retrospectiva, se ve que se pudieron hacer tantas cosas, dar un aviso temprano de tsunami, una alerta, evitar todas esas muertes. Pero lo hecho, hecho está.

Al quinto día, la energía volvió. Y lo primero que hice, fue prender la televisión y así pude darme cuenta de la verdadera magnitud de lo que había pasado. Me di cuenta lo limitada que era mi imaginación. Autopistas enteras, rotas y tiradas como si fuesen hechas de papel. Casas que parecieran construidas con cartas y derribadas por un fuerte viento. Una masa de agua gigante en una cuidad. Un barco en medio de una plaza. Y el triste icono, el edificio Alto Río, partido a la mitad en medio de la devastación.

Pensé que jamás podríamos recuperarnos, para mí en ese entonces el ser humano era un animal débil y estúpido, incapaz de tener resiliencia. Y me equivoqué.

La gente lloró lo que tenía que llorar, y después se pararon, se limpiaron las rodillas rasmilladas, y comenzaron a construir sus vidas de nuevo.  Jamás había sentido algún tipo de orgullo hacía otro ser de mi especie, hasta ese momento. Me sentí por primera vez, parte de algo más grande que yo misma. Y salimos adelante. Aprendimos de nuestros errores, y eso se notó en el terremoto del norte.

La gente evacuó cuando debía, estaba preparada. No tenían miedo y cuando los vi por la televisión, pude sentir ese orgullo de nuevo. Esa sensación de pertenencia, de que a pesar de que la mayoría del tiempo tenga una resentimiento por los seres humanos, y que los deteste, no puedo ignorar que tienen facetas de verdad admirables.

Sé bien que la gente se levantará otra vez, que llorará a sus muertos, y a las pérdidas materiales. Pero se repondrá, limpiará el desastre y volverá a empezar de nuevo. Cada veinticinco años, aproximadamente, nos estamos levantando y rehaciendo nuestra vida desde los escombros. Eso es lo que hacemos, lo que nuestros abuelos hicieron, y los que nuestros nietos harán, esta inculcado en nuestra cultura, es lo más preciado que tenemos; la capacidad de volver a pararte aún cuando el suelo bajo tus pies se haya movido. De luchar tercamente contra la adversidad, y de aprender de nuestros errores.

jueves, 20 de marzo de 2014

Preguntas.

¿Se puede reparar algo que está tan roto? Gente que piensa que la homosexualidad es una enfermedad: "Oh, hoy día no podré ir a trabajar, creo que amanecí demasiado homosexual esta mañana". Gente que cree que unas niñas de 11 y 12 años están preparadas para ser madre, defienden a los violadores y argumentan que lo inhumano  sería "obligarlas" a abortar... Gente que de verdad cree que los rotos y flojos quieren todo gratis. Una sociedad tan retrógrada y rota, ¿se puede reparar...? ¿Hay un límite en lo bajo que podemos caer?

De verdad gente que quiere hacer valer su derecho a abortar, ¿puede entrar y destruir una catedral? ¿Pasando a llevar la libertad de la gente que estaba adentro, gente que estaba manifestando su libre derecho a profesar su fe? ¿Desde cuando violamos los derechos de los demás para que nuestros mismos derechos sean escuchados? ¿Desde cuando el ojo por ojo se convirtió en una ley casi de supervivencia en nuestro país?  ¿De verdad seguir destruyéndonos puede arreglar algo que ya está roto? ¿De verdad gritar más fuerte en una sociedad que no escucha, puede llegar a servir de algo?

¿Es demasiado utópico seguir creyendo que la mentalidad de la gente algún día va a cambiar..?

¿Es demasiado tonto pensar que tal vez, en un futuro cercano las personas se respetaran unas a otras?

¿Entenderán las personas que están siendo pasadas a llevar?
¿Que sus derechos son casi privilegios?
¿ La frase "Amar al prójimo", acaso tiene excepciones?

 A veces me hace pensar que mi misantropía está bien justificada. Que la sola idea de pensar que venimos de un animal me hace pedirle perdón al mamífero por el insulto. Somos lo peor del mundo, prueba es que nos destruimos entre nosotros mismos, nos odiamos a nosotros mismos, nos discriminamos y le hacemos daño a los más inofensivos de nuestra especie. ¿De verdad siguen pensando que somos más que los monos o los insectos? No, estamos por muy debajo de ellos, por lo menos ellos tienen una conciencia como sociedad, nosotros no, y a la velocidad que vamos, creo que jamás la tendremos.

jueves, 13 de marzo de 2014

Blackbird.


El viento jugueteaba con sus cortos cabellos color canela. Levantó sus ojos pardos y las hojas de los árboles la saludaban en una extraña armonía. El tono bermellón del cielo avisaba con bombos y platillos que la llegada de la noche era inminente y el frío se colocaba por la delgada chaqueta que cubría su menudo cuerpo.

 Ahí yacía sentada en esa banca del parque, lo que le habían parecido años. Es curioso, en realidad, lo subjetivo que puede llegar a ser el paso del tiempo. A veces tan veloz; casi siempre cuando la dicha es inmensurable,  cuando disfrutas como nunca algún momento, o tal vez: a alguien. Y en otras ocasiones, es simplemente una tortura lo lento que pueden dejarse caer las agujas del reloj; cuando sufres, o cuando esperas algún suceso, algo que cambie tu vida, lo que sea. Cuando esperas, simplemente.   

Y ella llevaba toda su vida esperando. Tal vez por eso sus 16 años le habían parecido miles de eones. Tal vez por eso ella era tan madura, porque su tiempo avanzaba más lento. Cada cosa en su vida estaba pensada, al menos, 10 movimientos antes de que sucediera. Las consecuencias de lo que hacía, eran meditadas con más de 10 ramificaciones distintas. 

Cada pequeño suceso, por más insignificante que fuese, ella ya lo tenía pensado desde hace mucho antes. Era como leer el futuro, pero no, al mismo tiempo. Ella no era adivina. No tenía una bola de cristal, ni velas ni conjuros mágicos. Sólo tenía su inteligencia, y la capacidad de ver más allá del ahora. Cada paso que andaba, era pensado. Cada respiración que tomaba, era razonada. Cada palpito de su corazón, era planeado. 

Una genio, habían dichos los médicos y psicólogos. Un coeficiente elevado sobre la media, habían dicho sus profesores. Y un milagro, habían exclamado sus padres, con alegría.

¿Y para ella? Nada. Ni su nombre le sonaba como propio. A menudo se comparaba con un pequeño pájaro: con un pequeño y opaco Mirlo. Era un tipo de ave arisca, vivía sola, en su propio territorio. Pero al ser domesticados, eran despojados de su carácter natural, y cantaban encerrados en una jaula, hasta el fin de sus días. Sí, ella se sentía como un Mirlo. Atrapada en un jaula de oro. Pero atrapada, al fin y al cabo. 

Miró al frente con melancolía, una pareja joven estaba tomada de las manos y sonreían mientras hablaban animadamente. Ella jamás había experimentado la sensación de calor de otra mano sujeta a la suya, ni mucho menos un beso, como el que ahora se daba la feliz pareja. Sintió envidia y tristeza. Un pinchazo atacó con vileza su pecho, desentonando el calculado palpito de su herido corazón. 

Pequeñas lágrimas nacieron en sus ojos y recorrieron su níveo rostro hasta saltar hacía la muerte desde su barbilla al suelo del pequeño parque. Era su lugar favorito para pensar, para ser una con la naturaleza y, para sobretodo, dejar los deberes que le habían impuesto a tan corta edad.  Suspiró y limpiándose el líquido salado que aún emanaba de sus irises, se paró del lugar que la había acogido por toda esa tarde, y emprendió el camino a casa. 

Lentamente, contando. Derecho, izquierdo. Uno y dos. Sesenta y siete pasos desde la banca hasta la salida del parque, y sabía que le esperaban cuarenta y ocho más para su casa. 

Veinte, veinte y uno, veinte y...  Y algo la detuvo, una pequeña mancha negra se cruzó en su camino y se detuvo detrás de ella. Al volverse y enfocar más su vista, sonrío con ironía. Era un pequeño Mirlo, aún no era adulto y la miraba desde lejos, agitando graciosamente su cabeza de un lado para otro. A ella le pareció que la estaba invitando. Como diciéndole que lo siguiera. Miró el camino a su casa; veinte y seis pasos la esperaban para regresar. Se giró, dándole la espalda al pajarillo, con toda la intensión de continuar su camino, cuando el Mirlo cantó. Le cantó. A ella. 

No, no le cantaba a la niña de 15 años, a la genio ni a la coeficiente intelectual, ni menos al milagro. El pequeño pájaro negro, le estaba cantando al otro pajarillo que yacía dentro de la jaula de oro. Al que estaba atrapado. Le decía que se liberara, que lo rompiera. 

¿Qué debo romper?
 Rompe todo.

¿Todo?
 Todo. 

¿Por qué?
 ¿Y por qué no? 

Era la melodía de la vorágine, del caos, de la anarquía. Y el pájaro echó el vuelo. Y ella lo siguió. Sin contar. Sin pensar. Sus pasos se desestabilizaron de la cuenta meticulosa. Su corazón latió sin beneplácito. 

Y al fin alcanzó al pájaro.

Estaba en las manos de una muchacha de su edad. Su aspecto era etéreo. Su largo cabello rubio bailaba en la brisa de la noche y su rostro pálido contrastaba notablemente con sus penetrantes ojos negros. Una de sus delgadas manos acariciaba con delicadeza la cabeza del Mirlo, el cual cantaba, agradecido de los mimos.

Y la chica de ojos pardos miraba la escena, estupefacta. Los Mirlos no eran así. Se supone que eran ariscos con la gente, era solitarios. ¿Por qué ese Mirlo es así con ella?

¿Por qué?


¿Por qué es así?


¿Por qué con ella?


Salió de sus cavilaciones y se dio cuenta que la niña frente a ella la miraba con curiosidad, el pájaro había desaparecido, volado probablemente lejos de allí. Era libre, podía ir al lugar que quisiese. No como ella. Pero entonces, ¿qué hacía allí? 

Se sintió repentinamente ridícula, sus mejillas se tornaron calientes y se dio la vuelta, preparada para irse a su casa de una buena vez, su madre probablemente estaría vuelta loca.

Y entonces la niña le habló, un susurro. Un saludo, y la detuvo. Su voz era suave, arrastraba las palabras de una manera que resultaba hipnótica. Se giró, dándole la cara, y se sintió terriblemente torpe, debería contestarle el saludo, sino sería descortés. Mas era una extraña, no la conocía. 

Pero podrías...

Se sobresaltó, ¿qué había sido eso? Miró a todos lados, luego a la niña en frente a ella, quien la seguía mirando con curiosidad. Al parecer ella no había escuchado la voz. Entonces estaba dentro de su cabeza. ¿Esquizofrenia? ¿Su capacidad cerebral había llegado a tal punto de volverla loca? No, no era eso. No eran otras voces, era la suya propia. Hablándole. Buscó en  la base de datos de su cabeza, archivo por archivo, como si de un computador de tratase. Y  encontró lo que buscaba en un libro que había leído hace años. 

"La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo"

La voz de su alma, ¿eso era? Ella no creía en algo como el alma. No, no era que no creyese. Era que a pesar de su inteligencia, jamás había pensado en ello. Jamás había logrado ver afuera de la caja. Y ahora lo hacía. ¿Por qué? ¿Qué sucedía con ella? ¿Qué era eso que sentía? 


Sus pensamientos fueron interrumpidos abruptamente por un calor ajeno en su mano. Y lentamente miró la fuente del calor: la mano de la extraña. Era suave y tibia. Estaba viva. Estaba tomándole la mano. Una extraña. Y no sentía miedo. No. Calor. Eso sentía, en el pecho. En el lugar donde latía desbocado su corazón. Por primera vez lo sentía así. Por primera vez sentía el calor ajeno. Sentía: estaba viva. Y recién se había dado cuenta.

Pudo sentir el sonido de la jaula abriéndose. El chirrido de las bisagras del que fue su hogar por tantos años, inundaba su sentido. La sensación de libertad era tan grande que no cabía en su pequeño cuerpo. 

Y sonrío. Elevó la mirada y le sonrío a la niña enfrente a ella. La niña de ojos negros le devolvió la sonrisa. Soltó su mano, y se despidió con la otra en un gesto infantil. Y se alejó por el camino apuesto del cual venía la muchacha de ojos pardos, la sonriente y libre muchacha de ojos pardos.

Enarboló su mirada al estrellado cielo, y respiro profundamente llenando sus pulmones con aire limpio. Se giró y continuó su camino. Tarareando un leve melodía. 


Mirlo que cantas en la madrugada
Coge estas alas rotas y aprende a volar
Durante toda tu vida, has esperado este momento
Para volar.

Mirlo que cantas de madrugada
Coge estos ojos hundidos y aprende a ver
Durante toda tu vida has esperando este momento 
para ser libre.

Vuela Mirlo...

Vuela.













lunes, 10 de marzo de 2014

Breakaway.

Estás ahí, a un paso de dar ese gran cambio. No sabes lo que te espera. Jamás has pensado demasiado en las consecuencias de tus actos: "Actúa primero, piensa después" es el lema que dirige tu vida. Lo has adoptado y enarbolado con honor todos los años que llevas en esta tierra. Pero ahora piensas, tienes miedo. ¿Qué pasará cuando lo hagas? ¿Qué cambiará en tu vida? Todo, o tal vez  nada. No lo sabes. Tienes temor de abrir la caja, de saber si el gato está vivo a muerto. Pero lo harás de todos modos, lo sabes. Tomarás ese riesgo, aceptarás el reto, y harás un cambio. Pase lo que pase seguirás -con dudas y tal vez arrepentimientos- avanzando. Te liberarás. Afuera está oscuro, y estarás sola. Pero la vida es así. Madurar implica tomar desafíos, equivocarse, caerse, golpearse y sufrir. Pero si eres capaz de ganar la contienda, de aceptar las equivocaciones, de levantarte, de limpiarte los rasmillones y superar el sufrimiento, entonces estás lista. El mundo te espera ansioso de lo que puedes lograr, a dónde puedes llegar, a qué distancia podrás volar. No sabes hasta donde te llevarán tus sueños, sí tocarás el cielo o te congelarás en el infierno. No lo sabes, pero ya no tienes miedo. Tienes valor, coraje. La vida es para vivirla, los que ganan son los que se atreven, los que sobreviven son los que luchan. Los felices son los que cumplen sus metas, y ahora lo sabes. Así que, sin dudar, das ese primer paso. No tienes idea a dónde vas, pero eso no es importante. Lo importante es que te desprendiste del miedo, lo dejas atrás, junto con lo que te impide avanzar. 

Y caminas, ya no hay inseguridad, no hay miedo, actúas al fin. 
Le sonríes a la mujer que tienes enfrente. Ella te sonríe de vuelta, con amabilidad.

—¿En qué le puedo ayudar, señorita?

—Un boleto de avión, por favor. 

Y has dado el paso, sabes que nada puede pararte ya, llegarás a donde quieras. Tocarás el cielo.

—¿Cuál es su destino?

Sonríes, ¿a dónde quieres ir? El mundo es tuyo, tómalo.

—Las estrellas, ese es mi destino.

La mujer te mira, y puedes ver en sus ojos, que ese es el destino que ella ha soñado también. 


Así de dolorosa es la Pureza.

No puedo evitarlo, miles de lágrimas saladas recorren mi rostro, no tengo la menor intención de detenerlas, ya no importa, haré lo que más me caracteriza, dejaré que mis sentimientos fluyan ,que estén a flor de piel y no los detendré, no quiero que se queden atascados en este corazón roto que yo misma resquebraje.

Sin querer mis pensamientos vuelven al pasado, como tuve la oportunidad de mi vida, y la deje ir por lo más importante que tuve, la felicidad de mí ser querido más valioso, por ti, Yamato.

Verte con otra persona me causa sentimientos tan diferentes que no puedo explicarlo. Sé de verdad, que Sora será una buena novia y que tú la amas, eso me llena de felicidad, estos forman parte del líquido saliente de mis ojos, pero también hay otro sentimiento que cala en lo hondo de mi alma, la tristeza, amado mío.

Los recuerdos de nuestro hermoso tiempo juntos son imborrables, y están grabados a fuego en cada parte de mi cuerpo. Aún está en mi departamento tu esencia, que me hace darme cuenta de que dejarte ir, fue lo más correcto que he hecho en mi vida, ya no eras feliz a mi lado, ¿verdad?

Puede que todos mis amigos piensen que soy superficial, e incluso tal vez un poco boba, pero la realidad es, que sí bien, soy un poco de ambas, también me doy cuenta de cosas que otros no pueden, porque ellos no se dedican a observar a los demás, yo sí y por eso pude darme cuenta como la mirabas, cuanto te preocupaba lo relacionado con ella. Empecé a dudar de tu cariño , te pregunté una y mil veces: "¿ Aún me amas?", dudoso respondías: "Claro, princesa". Ahora sé que aunque de verdad me amabas, sentías algo por mi mejor amiga. 

Mis dudas fueron aclaradas cuando una fría y lluviosa noche recibiste una llamada, era Sora. Sin despedirte corriste hacia su hogar, Tai la había rechazado. Desde ese momento nunca fuiste el mismo; distante, frío, incluso más que antes y me hizo preguntarme, ¿Qué hice mal? Y ahí lo entendí, ya no me amabas, tu corazón había sido capturado por la pelirroja poseedora del Amor.

No pude más, y terminé contigo, no dijiste nada, simplemente me abrazaste y te alejaste de mí.
¿Cuánto va de eso? ¿6 meses? Ahora tú estás con Sora y son felices. Y eso aunque suene cliché, también me hace feliz, sabía que a mi lado, no podrías ser feliz, no quería atarte a un amor que no sentías, yo aún te amo, y por eso sacrifique todo, para ver tu sonrisa todos los días, aunque no fueran para mí.
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Esta historia la escribí por el 2011. Pertenece al fandom de Digimon, y creo que a pesar de que es terriblemente cliché y una mezcla extraña entre romanticismo y drama. Me gusta. Es la primera que escribí, la que tuvo más comentarios, más visitas y más favoritos en ff.net de todas las historias que he escrito. Y creo fervientemente que es porque ha sido la única que escribí con el corazón.